SUEÑO DE UN DESTINO.#ingenierovietnam

No había otra salida, NADIE me iba a sacar de allí, y la decepción ya había dejado lugar a la rabia y a la desesperación por tener que tomar el único camino que me quedaba y que evidentemente no deseaba. Tenía todo en mi contra y pocas posibilidades, pero en caso de fracaso, tenía claro que siempre seguiría intentándolo hasta ganar esa puta partida que nunca quise jugar.

Hacía dos meses desde que un día me preguntaba por qué estaba yo allí, por qué Dios lo quería así y qué lección me quería enseñar, cuando repentinamente me vino a la cabeza que si llegara el caso en el que tuviera que huir, les tendría que despistar haciéndoles creer que me dirigiría hacia Hanói andando, como protesta por la injusticia que se estaba cometiendo conmigo. Dada la testarudez que había demostrado hasta el momento pensé que sería fácilmente creíble.
Puesto que había 750 km desde Da Nang, en teoría la ruta me llevaría bastantes días, tiempo suficiente para salir por algún país vecino, cruzar de nuevo a Tailandia y llegar a la Embajada de Bangkok, siempre a la espera de que esta vez el Cónsul de allí tuviera algo más de compasión y no otros intereses para dejarme allí.

Descarté salir por mar, descarté hacerlo dentro de un camión, o en un contenedor… Estaba claro que tenía que cruzar rápido y sin confiar en nadie. Es simple, si quieres guardar un secreto, no se lo digas a nadie, absolutamente a nadie, más aún cuando desde el principio supuse que tenía pinchado el teléfono, el correo, etc,

Mediante fotos aéreas y durante días estudié toda frontera de Vietnam con Laos y Camboya, de norte a sur. Sin apuntar ni escribir nada, revisaba de cabeza todo lo que tenía que hacer una y otra vez, viendo los posibles fallos, los riesgos, posibles imprevistos, etc. Por el contrario, en mi ordenador dejé escrita y planificada la ruta hacia Hanói como si realmente estuviera decidido a hacerla y presentarme ante el verdugo, pues tenía claro que me vigilaban aunque no fuera de manera continua. Muchas veces dejaba pequeños trozos de papel pillados en la puerta para comprobar como alguien entraba en mi habitación a altas horas de la noche cuando yo no estaba. Otras, me fijaba en que un mismo vehículo con un vietnamita en su interior se quedaba aparcado durante horas frente al hotel, y a los pocos días se repetía la situación con el mismo vehículo, distinta persona y distinta posición. Desconfiaba de todo y de todos, y menos mal, supongo que por eso puedo escribir esto ahora.

Ellos debían saber que los viernes por la noche solía salir a tomarme algo y llegaba tarde. Pensé que esa rutina me podría ayudar para huir un viernes, de luna llena, pero confié en José Vélez, confié en que no sería otro ejemplo más de tibieza y estupidez, y eso me hizo perder tres valiosas semanas. Durante ese periodo de tiempo comenzaron los controles policiales por el jodido Covid y se me había complicado la situación. Se cerraron las fronteras y un extranjero moviéndose por la frontera sería sospechoso, o como poco, extraño. Además, empezaron a cancelarse los vuelos desde todos los países y pensé que en el caso de que llegara a Bangkok, no debería permanecer mucho tiempo allí, pues además de que podrían enviarme a algún sicario, también cabía la posibilidad de que me enviaran de vuelta a Vietnam mediante alguna orden de extradición u otro tipo de requerimiento.

Puesto que el verdugo Tuan Anh me había pedido que me presentara en Hanói, pensé que en caso de que me detuvieran en un control, les diría que me dirigía a la capital con motivo de ese requerimiento, y presentando el documento que tenía con los datos del inspector, podrían comprobar que era cierto. Por eso tuve que descartar huir por cualquier frontera al sur de Da Nang.

Además y por el riesgo que conllevaba, tampoco debía permanecer demasiado en el país una vez que iniciara la huida, y así, definitivamente decidí cruzar por Lao Báo, un lugar a 6 horas al noroeste y donde el río hace de frontera con Laos. Una vez que hubiera cruzado ese río, ya me encontraría en el país vecino y evidentemente con un riesgo menor, aun sabiendo que al haber entrado de manera ilegal y sin documentación no debería permanecer mucho allí, más aún dada la buena relación que existe entre ambos países comunistas.

Puesto que no podía visitar la zona con anterioridad y solo tenía una oportunidad para cruzar, revisé las fotos aéreas numerosas veces, interpretando la profundidad del río, el relieve, la vegetación, los posibles puntos donde cruzar, torres de control, vallados, etc.

Durante días, y para no levantar sospechas, fui comprando poco a poco lo que necesitaba: una mochila impermeable, una pequeña navaja, una linterna, dólares, etc, y tomé la precaución de no mostrarlo frente al espejo de la habitación del hotel, pues también se me pasó por la cabeza que me estuvieran observando desde ahí.

Al final, tuve que descartar el alquiler de una moto para llegar a la frontera, pues en caso de un control, se podrían preguntar cómo iba a devolverla si el propietario estaba en Da Nang, y eso les podría llevar a indagar más hasta descubrir mis verdaderas intenciones.

La noche de antes apenas dormí, me desperté esperando que todo hubiera sido un mal sueño, pero no fue así. Me resistía a hacerlo, deseaba que una última llamada de alguien evitara esa locura desesperada, pero no, nadie llamó, nadie lo hizo, nadie lo evitó.

Apenas pude comer, tan solo un pequeño trozo de pizza antes de salir por la tarde. Pensé que para cuando me llegaran a rastrear, si es que era el caso, ya me encontraría suficientemente lejos, o posiblemente no se darían cuenta hasta el día siguiente. Así, haría toda la ruta hacia el norte hasta llegar de noche a Dong Ha, y unas horas después, al día siguiente de madrugada, saldría hacia el oeste para evitar los controles en esa carretera, pues estos sí que los tenía que evitar a toda costa ya que de manera convincente no podría justificar por qué me dirigía hacia la frontera en caso de que me detuvieran.

Cuando arranqué la moto, eché un último vistazo al móvil antes de pagarlo por si encontraba un último mensaje. No había ninguno, y con una sensación entre rabia y miedo, me largué de allí.


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