SIN RUMBO.#ingenierovietnam

Estaba aún adormecido cuando el agente me pidió el pasaporte. Con aparente tranquilidad le dije que lo había perdido y que me dirigía a Vientián (la capital de Laos) para pedir una copia en la Embajada alemana, aunque en un principio yo no tenía esa intención.
El agente echó un vistazo en los asientos posteriores del autobús, y seguidamente se bajó para llamar a un cargo superior. A nadie más le pidió la documentación, supuse que lo hizo porque yo era el único extranjero en el autobús.
Mientras, yo miraba alrededor, queriendo buscar una salida para escaparme, pero evidentemente era imposible, estaba encajado en mi asiento y no tenía manera de escapar, la puerta trasera del autobús estaba cerrada y por delante se encontraban los agentes de policía.
Cuando llegaron a mí, yo ya había tapado la ropa humeda con la mochila que tenía extendida en el sillón contiguo, y le mostré la fotocopia del pasaporte y el DNI. Después de revisarlo, el agente le dijo algo al subordinado que obviamente yo no entendí, pero me quedó claro que no era a mí a quien buscaban. En ese momento me vino a la cabeza que posiblemente estarían buscando al dueño de la moto que dejé en Lao Bao, y que posiblemente la policía de fronteras de Vietnam les habría dado ese nombre. De cualquier manera, sin decirme nada más los agentes me devolvieron los papeles.
Cuando arrancó de nuevo el autobús ya no tenía ninguna duda de que mi suerte había cambiado, y después de mucho tiempo empecé a sonreir de verdad, e incluso disfruté del trayecto.
Aunque estaba agotado no podía dormir, llevaba tantos días sin probar bocado que el hambre no me lo permitía.
Por fin, al caer la tarde, unas mujeres subieron al autobús y me vendieron una bolsa de arroz blanco cocido, un pincho de pollo, uno de ranas y otro que no sabría decir de qué era, pero lo cierto es que todo me supo a gloria.

Mientras tanto mis hermanos me buscaron un alojamiento en Savannakhet, la ciudad a donde me dirigía al otro lado del país, hacia el oeste. Allí, el rio Mekong es el que hace de frontera con Tailandia, y había planeado cruzarlo de noche cuando hubiera tenido oportunidad, en la idea de seguir hacia el sur y poder llegar definitivamente a Bangkok.
Lo cierto es que en el último momento el miedo me hizo cambiar de opinión. Lo había pasado tan mal el día anterior que no quería volver a cruzar otro río que, además de ser bastante más caudaloso y con muchísimo más tránsito, tenía demasiados controles de frontera. Por eso decidí ir a a Vientián, para presentarme en la Embajada de Alemania y pedir ayuda. Así, después de otro largo trayecto en autobús me presenté al día siguiente ante la Cónsul, y tras expresarle la agonía en la que me encontraba, me dijo con absoluto desprecio e indiferencia que ella no podía hacer nada y que probara suerte en el consulado de Francia.
De ninguna manera me esperaba esta respuesta y a pesar de que ya sabía de la calaña de este tipo de funcionarios. La mayoría parecen cortados por el mismo patrón, aunque siempre hay excepciones como contaré en otro momento.
Hoy en día tengo claro que vivimos en una Europa de fachada, de desvergüenza, de hipocresía, donde nos ningunean como españoles, y que además, con la boca muy inflada somos los que más mercadeamos y negociamos utilizando términos como cooperación, ayuda humanitaria, solidaridad…, llegando a desvirtuar totalmente su verdadero sentido.

De cualquier manera me encontraba de nuevo en un callejón sin salida, y de nuevo sin ayuda de las instituciones. Solo tenía claro que debía salir pronto de allí, y tenía que hacerlo antes de que me localizara el verdugo y sus compiches de la Embajada en Hanoi.
Después de conversar bastante tiempo con los propietarios del hostal donde me hospedaba, les pedí que me ayudaran a encontrar a algún pescador para poder cruzar el río Mekong, que también hace de frontera en Vientián. Sin darles demasiados detalles, fue la primera vez que le comentaba a alguien mis planes, aunque no sirvió de nada. Me dijeron que seguramente nadie me iba a ayudar porque aunque lo hubiera podido pagar bien, era difícil encontrar a alguien tan desesperado como yo para arriesgarse a recibir un disparo cruzando ilegalmente, pues según ellos, ya había ocurrido anteriormente.
A pesar de que intentaron convencerme para que abandonara esa idea descabellada, yo sabía que no podía quedarme demasiado tiempo allí. Solo me quedaba esa opción, tenía que cruzar el Mekong cuanto antes.


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