PRESO DE LOS POLITICOS.#ingenierovietnam

Como sabéis, hace un año exactamente comenzó mi pesadilla, y después de ver la actitud de la Embajada de Hanói, intenté que algún político mediara para impedir que continuara la vulneración de mis derechos que ya se estaba cometiendo. Hubo comportamientos políticos muy dispares que voy a contar.A los pocos días le llego el asunto a Vicente Montálvez, asesor del Ministerio de Asuntos Exteriores. Me escribió diciéndome que le hiciera caso al Cónsul, claro que si hubiera seguido sus instrucciones ahora estaría muerto, o en el mejor de los casos aún seguiría allí, en alguna cárcel. Recientemente hablé con él para saber a quién había informado de mi situación, para seguir esa cadena y saber dónde se cortó, no me lo dijo evidentemente, pero añadió que no entendía el motivo de mi llamada ni por qué le pedía explicaciones, y que por lo tanto, hiciera mi oportuna denuncia si tenía algo que reclamar. Menuda desazón tenía por mi situación que ni sabía que yo ya había presentado una denuncia el pasado 11 de febrero, como así le dije. Lamentablemente, la información que llegaba desde el partido que aún Gobierna nuestro país era la de que si me retenían allí sería porque yo habría cometido algún delito, y que el Gobierno de Vietnam tendría sus motivos para hacerlo. Entre ellos, así lo expresaba el anterior Delegado de Gobierno, Francisco Jiménez, diciendo entre muchas otras gilipolleces que yo tenía una empresa allí. Claro está que a todos les interesaba creer y trasmitir esas falacias para justificarse y no hacer absolutamente nada.Pero no todos los afines a este partido pensaban de igual manera, mi amigo Joaquín López Carreño, que me conoce desde hace mucho tiempo, se fió de lo que yo le decía y en contra de lo que sus compañeros de partido le trasmitían. Aunque le ignoraron por completo, insistió una y otra vez para que me ayudaran, pero en esas fechas los de arriba estaban dándose codazos y más preocupados en mantener su sillón.Tampoco las actitudes en otros partidos fueron iguales y algunos como Jerónimo Moya me conmovieron con sus palabras cuando conseguí llegar a España, al pedirme disculpas por no haber podido hacer más, sintiéndose impotente ante la situación y reconociendo que los políticos no habían sabido estar a la altura. Para mí, esas palabras de remisión escritas honestamente fueron suficientes, al igual que con la actitud de su compañera Eva García que siempre me escribía con términos de compresión y de ánimo en momentos muy complicados.Por otro lado y desafortunadamente, su compañero de partido, el ínclito Edmundo Bal, respondió en referencia a las preguntas de su propio partido en el Congreso diciendo que la Embajadora estaba actuando con diligencia y que el documento que yo exigía (salvoconducto), no existía. Le podría enseñar varios de los que actualmente tengo, pero no serviría de nada porque es peor su ignorancia de valores que su propio engreimiento. Añado que este arlequín además de diputado es abogado del Estado. No todos fueron unos bellacos, por suerte la alcaldesa de Cehegín, Alicia del Amor Galo, estuvo ahí, comportándose como persona y no como un político que quiere conservar su sillón. Me escribía constantemente para escuchar, apoyar y aportar posibles salidas, porque humanamente lo tenía claro, y eso es lo verdaderamente importante. Siempre le estaré agradecido por su compasión y por su persistencia.Entre otras actuaciones intervino para que Javier Celdrán y Francisco Bernabé, entre otros, intentaran mediar en la situación. A todos ellos también les estoy agradecido pues de nuevo hicieron las oportunas preguntas en el Congreso y se reunieron con el Embajador de Vietnam en Madrid, por supuesto dada la evidente pasividad del Ministerio y del Gobierno.Muchos amigos y familiares se esforzaron en ayudarme también e insistiendo para que alguna autoridad hiciera algo de una vez. Así, lo intentaron con José Vélez, el actual delegado de Gobierno en Murcia. Fue de los primeros representantes políticos en tener conocimiento y me consta que intervino llegando hasta Vicente Montálvez, pero solo contactó conmigo personalmente los últimos días después de la ampliación de mi retención. Le informé de toda la situación pues como anteriormente he dicho, desde la Embajada y desde el Ministerio estaban trasmitiendo demasiadas falsedades y dando a entender que yo era un maleante. En esos momentos yo ya había tocado demasiado las pelotas a los vietnamitas y a los diplomáticos, y sinceramente me veía en la cárcel. José Veléz era mi última esperanza, mi último aliento, llevaba demasiado allí y estaba planeando escaparme esa misma semana. Sin confirmarle mis intenciones me esperé puesto que me pidió paciencia y me dijo que en unos días me daría fechas más concretas. Ese retraso implicaba que mi huida se iba a complicar pues estaban cerrando las fronteras y la policía vietnamita empezó a hacer controles por el Covid-19. Mis hermanos le tuvieron que pedir una cita oficial, y después de tres semanas NADA, absolutamente nada, solo palabrería y verborrea preparada. Ni entendió la agonía por la que yo estaba pasando, ni entendió la urgencia en la que me encontraba pues ya me habían amenazado en numerosas ocasiones, ni llegó a pensar que mi tiempo y mi libertad no eran suyos, ni del Cónsul, ni de la Ministra, ni de los puñeteros vietnamitas, eran míos, y es lo único que nadie te puede arrebatar. Mis derechos y mis libertades estaban siendo violados y ahora ya estaba seguro de que a nadie del Gobierno le importaba lo más mínimo.Ya estando en plena huida, J. Vélez atendió a mis hermanos, y a pesar de mi negativa para que ellos asistieran a la reunión. Tenía clarísimo que el Gobierno no iba a hacer absolutamente nada, y mis temores se confirmaron de nuevo cuando el Delegado del Gobierno planteó la solución. Era deprimente, patética, casi irrisoria. Nos pidieron que contactásemos con una empresa de frutas de Abarán, ¡ya está!, eso fue todo, después de tantos meses esa fue la única gran mierda con la que llegó todo un Gobierno de España. No sé si a algún iluminado se le ocurrió que mediante esa empresa se podría chantajear a algún alto cargo de la dictadura vietnamita, aunque eso era más deprimente aún pues significaba que no habían hecho ni un mínimo intento. Primero porque significaba no conocer la realidad del país, ni de los grandes sobornos que se manejan allí, ni de que la investigación, que aún sigue en curso, la lidera el mismo y actual presidente de Vietnam. Por supuesto porque tampoco sabían que yo nunca lo hubiera aceptado, ni que en el hipotético caso de hacerlo, jamás hubiera podido pagar esa mordida.No hablo de partidos políticos, no me importan ni lo más mínimo, hablo de personas, de su actitud, de sus obligaciones, las cuales muchos no cumplen ni tienen intención de hacerlo que es peor, pero en cambio sí presumen del cargo y cobran por ello. A día de hoy aún no he recibido contestación a esa denuncia y tampoco han reclamado mi pasaporte a Vietnam. Espero que algún día la Ministra Arancha González se digne a contestar a esto, a mis numerosos Twitter que continuamente le envío, o a alguna carta más que le escribiré puesto que no pienso dejar de insistir. Como ya decía, son muy valientes con los débiles, pero muy cobardes con los poderosos.


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